-Sos una puta, eso es lo que sos. Puta, puta, puta, puta, puta- me espetó. Cada "puta" parecía renovar su desprecio por mí. Matías me amaba a su manera, claramente: el odio persigue al amor, misma potencia, distinto acto. Los ojos negros le resplandecían con el asco acumulado de casi diez años de cocaína, pupilas dilatadísimas a fuerza de la azúcar sacra que se arremetía por la nariz. Un hilillo de sangre le recorría el camino del orificio izquierdo de la nariz a los labios llenos como una divisa punzó que lo apuntaba como cocainómano empedernido. Mi cumpleaños número veinte afloraba en los dolores que corrían en mis costillas y las lágrimas que le regaban las chaparreras de cuero. Como él, eran impermeables.
-Te amo- Lágrima, lágrima, lágrima, lágrima.
-¿De amor me hablás?-Se rió, mientras sacudía las piernas para que lo soltara. Quería irse con la urgencia apremiante del sexo ajeno, de la concha conocida con la emoción de lo extramarital. Nancy era su teñidísima ex novia, con lo que había convivido en sus años locos de giras con su banda de cierta reputación, que a su vez era la ex novia de su también ex mejor amigo. Ex. Ex. Ex. ¿Cómo saber que él se volvería pronto el mío?
-Te amo- Patetismo encarnado.
-Puta- Me pateó, finalemente. El dolor fue emocional: el cuerpo, el corazón, la mente y el alma se me habían separado. Mi envase difícilmente podía sentir algo que no fuera la muerte predecible del primer amor. Hoy, junto los pedazos. Es la segunda vez que lo hago.
Celular. "Girls, girls, girls" al mango. Nancy. Patada. LLanto.
Y su espalda alejándose de mi, las botas texanas que le había regalado y su "clac clac clac" que se desprendían de mi cuerpo tirado en el cemento de la vereda, bañada en el sudor de mis ojos que difícilmente cesaría en los próximos días. O meses.
De esto, casi un año. Los veintiuno se me asoman entre cada pecho y el corazón se descongela a veces. El velo sigue cubriéndome como un ala de seda negra. A veces atisbo un destello de lo que hay más allá: el sexo tiene la magia de levantar la cortina para hacerme ver algo delicioso que está del otro lado.
El precio es alto.
Matías, Santiago, Rodrigo, Ezequiel.
Me enamoro como una imbécil. Grave problema.
Seré más sabia después de un par de eternidades.
"Seré más sabia después de un par de eternidades."
ResponderEliminarresumen de un relato crudo, resumen reflexivo y real.
Una escena fuerte narrada a la altura de la mano que mece la pluma. O sea, buenísimo. La frase final, muy bonita; espero que cuando llegue esa sabiduría sigas contando estas historias. Para el guitarrista no tengo palabras...
ResponderEliminarBeso.