jueves, 14 de octubre de 2010

Martín, la montaña I

Necesito coger con abandono, la veneración de mi carne, convertirme en Diosa, ser la Mujer, la Coca Sarli, sexualidad concentrada en cada milímetro cuadrado de suciedad altanera en mi piel. Respondo a su tacto delicioso con la porfiada inocencia de la histeria: él puede convertime en un manojo desbocado de mandíbulas locas y  ligamentos que se abren para recibirlo con todo mi cuerpo. Su cuerpo es mi hogar, anido en su pecho, con la confianza ciega, sorda, manca. Soy un Cristo en constante encarnación que ruge con cada clavo. Su mapa estelar me guía, simétrico, por todas sus montañas. Él es tan lunar. Gloria desconocida. Soy el orgasmo denegado, el desborde de piernas dementes, autoflagelo, el peso subacuático de su mirada me ata a la tierra.  

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