Necesito coger con abandono, la veneración de mi carne,
convertirme en Diosa, ser la Mujer, la Coca Sarli, sexualidad concentrada en
cada milímetro cuadrado de suciedad altanera en mi piel. Respondo a su tacto
delicioso con la porfiada inocencia de la histeria: él puede convertime en un
manojo desbocado de mandíbulas locas y
ligamentos que se abren para recibirlo con todo mi cuerpo. Su cuerpo es
mi hogar, anido en su pecho, con la confianza ciega, sorda, manca. Soy un
Cristo en constante encarnación que ruge con cada clavo. Su mapa estelar me
guía, simétrico, por todas sus montañas. Él es tan lunar. Gloria desconocida.
Soy el orgasmo denegado, el desborde de piernas dementes, autoflagelo, el peso
subacuático de su mirada me ata a la tierra.
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